A Plegaria Eucarística

A Plegaria Eucarística

Al tema de la plegaria eucarística durante los años de postconcilio  le han dedicado muchos estudios. El tema, podíamos decir, se ha revelado nuclear en el estatuto teológico y en la problemática pastoral en el terreno litúrgico1. En la reforma conciliar, la plegaria eucarística se ha desarrollado de manera original, pero también tradicional (teniendo en cuenta la gran tradición de la Iglesia). Por poner un ejemplo en la liturgia romana de una plegaria eucarística (canon) se ha pasado a 13 en el misal actual de Pablo VI. Nuestra reflexión sobre la plegaria no pretende ser original, sino más bien, constatar una vez más su importancia y su valor. Descubrir el contenido y el valor de esta plegaria es profundizar en el misterio eucarístico desde la propia eucología (las oraciones) de la liturgia que es también lex  credendi y traditio fidei de la Iglesia.

El misal actual ofrece en las plegarias eucarísticas un gran contenido teológico y litúrgico, por lo tanto un gran contenido de fe. El volver ahora nuestra reflexión sobre la plegaria eucarística, no pretende otra cosa que exponer la gran riqueza que encierra esta oración, para llegar, no solo a celebrar con más sentido, sino también a vivirla en todos sus aspectos para conseguir disfrutar verdaderamente de aquello que creemos, celebramos y vivimos. Pienso que es algo que todavía no hemos conseguido del todo: disfrutar de la fe.

Qué es la plegaria eucarística

Partimos de la definición que da la Introducción General del Misal Romano (IGMR).2 La Plegaria eucarística es el centro y culmen de toda la celebración, es una plegaria de acción de gracias y consagración. Es una oración que el sacerdote, invitando al pueblo a asociarse a él, dirige en nombre de toda la comunidad, por Jesucristo en el Espíritu santo, a Dios Padre. El sentido de esta oración, sigue diciendo la IGMR, es que toda la congregación de los fieles se una con Cristo en el reconocimiento de Dios y en la ofrenda del sacrificio3. La plegaria eucarística llamada también anáfora o canon (refiriéndose a la 1ª plegaria que hoy está en nuestro misal “canon romano”) es la gran oración que comienza después de la oración de presentación de los dones (súper oblata) y va hasta el padrenuestro. Comienza con el diálogo “el Señor esté con vosotros” y termina con el gran Amén después de la doxología. La plegaria eucarística es el corazón de toda celebración eucarística.

Toda la acción celebrativa donde la Iglesia cumple el mandato del Señor: “haced esto en memoria mía”, recibe el nombre de eucaristía. En los primeros tiempos se le llamó fracción del pan, cena del Señor, pero ya en el siglo II recibe el nombre de eucaristía (acción de gracias gozosa). Desde entonces no se ha dejado de llamar eucaristía, si bien durante mucho tiempo ha predominado el nombre de misa. Con el Concilio Vaticano II se ha vuelto a recuperar el nombre de eucaristía, viniendo a llamar a la parte central de la misma plegaria eucarística. Es, en esta plegaria, donde llega a su plenitud y máxima expresión la acción de gracias y la alabanza a Dios. Toda la plegaria es acción de gracias. Tiene un estilo propio, un género literario original. Es un estilo y género bendicional: es una bendición a Dios, una alabanza y acción de gracias.4 Así como la eucaristía es centro y culmen de toda la liturgia, la plegaria eucarística es centro y culmen de la eucaristía. Sin esta plegaria toda la celebración eucarística quedaría privada de la presencia objetiva del sacrificio redentor de Cristo.

Su dinamismo interno se orienta en cuatro dimensiones: alabanza y glorificación del Padre por las maravillas realizadas en la historia de la salvación; presencialización y ofrecimiento del sacrificio de Cristo; invocación del Espíritu Santo sobre los dones y la comunidad; e intercesión o comunión eclesial.5

Para comprender la importancia de la plegaria eucarística, su estructura, lenguaje y contenido es imprescindible partir de los datos aportados en los relatos de la institución de la eucaristía del Nuevo Testamento.6 El origen de la plegaria eucarística se halla en la última Cena de Jesús. “Jesús tomo el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos…. Después de cenar hizo lo mismo con el cáliz diciendo…”(Lc 22, 14-20 y paralelos en Mateo y Marcos; Pablo en 1Cor 11). Con estos gestos Jesús se entregó a sí mismo, y al mismo tiempo mostró a sus discípulos un modelo de celebración para que la Iglesia continuara repitiendo lo que el había realizado.7 Desde hace veinte siglos, la Iglesia al celebrar la eucaristía quiere reproducir con fidelidad los gestos y palabras atribuidas a Jesús durante su última Cena. No hay un texto único, el relato fundador lo encontramos en diversos pasajes neotestamentarios, en Mt, Mc, Lc y Pablo. Hay que volver a las fuentes. En la última Cena, dice JesúsHaced esto en memoria mía (1 Co 11,23-25; Mc 14,22-24; Mt 26, 26-28; Lc 22,14-20). Y luego tenemos otros textos que nos aportan datos sobre la eucaristía(Lc 24, 13-35; también los diversos relatos de la multiplicación de los panes Mt 15,19; 15,16; Mc 6,41; 8,6; Lc 9,16; Jn 6,11; 21,1-14; el discurso de Jesús en la sinagoga de Cafarnaún, Jn 6; el lavatorio de los pies en Jn 13; etc.)

Tenemos por lo tanto cuatro fuentes del relato de la última Cena. Las diferencias entre los diversos relatos muestran por un lado la imposibilidad de descubrir con certeza absoluta el contenido de la última Cena y, por otro, que la preocupación fundamental no era la de transmitirnos exactamente y de manera integral todo lo que hizo Jesús, sino trasmitir aquello que fue novedoso y fundamentar su práctica.8

Hay cuatro gestos que se repiten en todos los relatos: tomó; dio gracias/lo bendijo; partió; dio. Esta fórmula evangélica con cuatro acciones viene a ser la fórmula litúrgica característica de la eucaristía cristiana. En aquellas dos oraciones con las que Jesús dio gracias (sobre el pan y sobre el cáliz) se encuentra el origen y modelo de la plegaria eucarística de la Iglesia. En nuestra plegaria se halla la acción de gracias de Jesús por medio del sacerdote.

Jesús nos dijo haced esto en memoria mía. La Iglesia desde el primer momento quiso hacer aquello que Él hizo. Sin embargo la acción de gracias de Jesús aquella noche no nos ha sido transmitida al pie de la letra, como así sucedió con el Padrenuestro.9 De aquella oración al estilo judío, transmitida por los apóstoles fue tomando cuerpo la plegaria eucarística cristiana. Aquél dar gracias de Jesús, ha permanecido vivo y fiel en la Iglesia de todos los lugares. La plegaria eucarística tiene como objetivo el dar gracias, el celebrar a Dios. Con esta oración la Iglesia da gracias a Dios por Cristo en el Espíritu Santo. Es más, afirmamos que por medio de la plegaria es el mismo Cristo quien continúa dando gracias a Dios. Lo expresa bellamente el catecismo de la Iglesia Católica en el n. 1359.

Cristo aquella noche nos dejó el memorial de su pasión, muerte y resurrección. Con los gestos de la última Cena adelanta la consumación de su entrega, el tiempo de la resurrección. Él cumplió la voluntad de Dios y su vida y su muerte ha sido una ofrenda y una respuesta única de acción de gracias al Padre. Toda la vida de Cristo es una ofrenda permanente que llega a su cenit en el misterio pascual y se prolonga en la eucaristía. Él es ahora nuestra acción de gracias y al mismo tiempo el don del amor de Dios y la respuesta de alabanza de Dios. Nuestra eucaristía, no solo parte de la de Cristo, sino que Cristo mismo viene a ser nuestra eucaristía.10 Esta eucaristía es la que celebra la Iglesia en el Espíritu. Es la Iglesia, la que ahora necesita dar gracias a Dios por Cristo y el Espíritu y no lo hace porque Dios necesite nuestra acción de gracias, lo necesita la misma Iglesia.11 En la eucaristía se aprende que dar gracias no es un gesto neutro e indiferente, sino un gesto que compromete como “ aquella noche”. Cristo al dar gracias se comprometía llevando su vida entregada a su consumación perfecta. Dar gracias exige libertad y compromiso, amor y entrega.

Origen de la plegaria eucarística

Ya hemos señalado que el origen de nuestras plegarias eucarísticas está en aquella acción de gracias de Cristo en la última Cena sobre el pan y sobre el vino.12 La comunidad cristiana prolonga en el tiempo el dio gracias-bendición de Jesús. En las fuentes encontramos dos palabras eulogein en Marcos y Mateo y eucharistein en Lucas y Pablo. La primera hace referencia a la acción de bendecir. El significado original es de alabanza pero puede significar acción de gracias por los beneficios recibidos. Eucharistein hace referencia a la acción de gracias a Dios o al hombre y tiene una connotación significativa más restrictiva que el termino eulogia. La plegaria tiene un estilo propio, un género literario original que llamamos estilo y género bendicional, es decir alabanza y acción de gracias. Pero a la hora de concretar más los estudiosos mantienen opiniones diversas. Sobre los orígenes literarios de la plegaria eucarística se han producido muchos estudios y todavía se siguen produciendo.13 El origen judío bendicional de la plegaria nadie lo discute pero la duda surge al señalar una forma determinada como antecedente más directo de nuestra plegaria. Se relaciona con tres tipos de oración judía: la berakah, oración de bendición, la birkat ha manzon, oración de gracias y la todah, oración sacrifical de alabanza.

La berakah, la palabra significa bendición descendente de Dios al hombre y una ascendente del hombre a Dios. La estructura de esas oraciones suele ser: Una alabanza inicial a Dios o una invitación a ella; enumeración (memorial) de las maravillas obradas por Dios; la alabanza desemboca en una petición o intercesión; acaba con una alabanza final. En tiempo de Cristo la oración de bendición estaba muy arraigada. En Cristo encontramos oraciones de bendición Mt 11,25-26; Lc 10,21; Jn 11,41. También el Magnificat, el Benedictus, la oración de Simeón son ejemplos de oración bendicional.

La birkat ha manzon. Algunos autores creen que el origen de la plegaria está en la birkat ha manzon, la oración de acción de gracias después de las comidas. La idea central sería la acción de gracias. Esta oración tiene como tres partes: bendición, acción de gracias y petición. Debemos decir que en el NT a veces se usa indistintamente las palabras bendición y acción de gracias.

La Todah. Para otros autores el origen está en la todah que es la oración de alabanza con tono sacrificial. Es una oración más conectada con las comidas sacrificiales, penitenciales, en el marco de la renovación de la alianza. Es una acción de dos partes: una más de alabanza y acción de gracias por las maravillas de Dios y otra más de tono de petición y súplica para que Dios siga actuando.

Con lo dicho hasta ahora podemos afirmar que dando por seguro su origen judío es difícil determinar la genealogía de la plegaria eucarística cristiana. Tenemos pocos datos en los primeros siglos para poder saber con certeza el camino que siguió la iglesia primitiva hasta formular las plegarias que ahora conocemos. Como bien dice Aldazabal14 se siguieron diversas líneas a la hora de cristianizar la oración judía: tanto la berakah, como la birkat ha manzon o la todah pueden influir. Lo único que es claro es que la plegaria eucarística cristiana es  heredera de la plegaria  judía. Los cristianos han llenado la herencia judía de un sentido nuevo: la alabanza y acción de gracias por Cristo Jesús. La Iglesia no se inventa la plegaria eucarística como tampoco se inventa la eucaristía. La comunidad explica y desarrolla las actuaciones de Jesús preñadas de sentido y cargadas de contenido. Jesús es, pues, el que instituye la eucaristía en su núcleo fundamental y original. Acaece en este ámbito lo mismo que sucedió en la formación de los evangelios y en el conjunto de todo misterio cristiano: La Iglesia no inventa el evangelio; solo recuerda y ahonda, resaltando ciertos matices y sobre todo explicitando el contenido implícito en la palabra y la obra de su único fundador.15

Partiendo de ese origen embrionario en la última Cena, se fueron desarrollando en la Iglesia variedad de plegarias eucarísticas que podemos clasificarlas en los siguientes bloques: paleoanáforas o anáforas primitivas, anáforas orientales, plegarias eucarísticas occidentales no romanas y plegarias eucarísticas romanas.16 Ello se debe a la variedad de familias litúrgicas, o dicho de otro modo, en la Iglesia no encontramos un solo rito a la hora de celebrar el misterio de Cristo, sino que encontramos distintos ritos, que solemos clasificar en primer lugar como orientales y occidentales.17 Nos encontramos así con variedad de plegarias en las diversas tradiciones litúrgicas de Oriente y Occidente. En Oriente señalamos algunas plegarias: la anáfora de Addai y Mari que es la más antigua conocida después de la Didaché. Proviene del oriente sirio. La anáfora de Serapión, presenta una estructura muy antigua. Hay otras muchas anáforas. En la parte más oriental o antioquena tenemos la anáfora que nos aparece en las Constituciones Apostólicas;18 las anáforas llamadas de san Basilio, San Juan Crisóstomo, Santiago, etc.; del área alejandrina (área de Egipto), además de la de Serapión, esta la llamada de San Marcos.

Éstas anáforas o plegarias presentan características diferentes. La principal característica se refiere al lugar que ocupa la epíclesis (invocación del Espíritu Santo). Algunas la  colocan después del relato de la institución y de la anamnesis (memorial), así lo hace la de Hipólito, Santiago, San Basilio, y más tarde las del rito galicano e hispano. Otras como las alejandrinas y la romana colocan la epíclesis antes del relato de la institución y una segunda epíclesis después sobre la comunidad. Así lo hacen por ejemplo la plegaria de Addai y Mari, Serapión, San Marcos y el canon romano.19

En cuanto a Occidente, en Roma se hizo un único texto para la plegaria eucarística, el llamado canon romano (la primera plegaria de nuestro misal actual).20 Pero tenemos que señalar también las plegarias de la liturgia ambrosiana (zona de Milán)21 y las plegarias del rito hispano, lo más característico de la liturgia hispánica es que tiene una plegaria para cada celebración compuesta por partes móviles, propias de cada celebración y otras fijas.22

Ya hemos señalado antes que la plegaria eucarística tiene un estilo propio, un género particular, pero encontramos que también tiene una estructura específica, esto es, unos elementos comunes (dentro de algunas variedades). Señalamos ahora estos elementos, esta lógica estructural de la plegaria de rito romano, tal como nos es expuesta por el misal romano:23

Acción de gracias

La acción de gracias se desarrolla sobre todo en el prefacio, la 1ª parte de la plegaria comienza con un dialogo inicial y terminaría en el Sanctus. El dialogo inicial: “El Señor esté con vosotros… Levantemos el corazón… Demos gracias a Dios…” es invariable en todas las plegarias. Es una invitación a dar gracias a Dios de modo gozoso. Prepara el ánimo, busca la participación. Este dialogo indica que la plegaria aunque la pronuncia sólo el sacerdote, es una acción de todos, el sacerdote pone la voz pero es la Iglesia la que la hace.

Dentro del prefacio encontramos todavía una estructura particular: protocolo, cuerpo y escatólogo (protocolo final). El protocolo es casi siempre idéntico: “En verdad es justo y necesario…” enfatiza la necesidad de dar gracias a Dios. El cuerpo es la parte más importante y también la más variable. Se exponen los motivos por los que se dan gracias. Se da gracias por toda la obra de salvación pero nos vamos fijando en aspectos determinantes, según el día, la fiesta o el tiempo litúrgico. El protocolo final proclama la unión entre la Iglesia de la tierra y la Iglesia celeste. Por la celebración de la liturgia nos unimos a la comunidad del cielo y participamos de la liturgia celeste. La liturgia que ahora celebramos dará paso a la liturgia del cielo. Ésta última parte es una invitación a darnos cuenta de ello y a unirnos en la alabanza celestial. El misal actual de Pablo VI ha introducido más de ochenta prefacios. Todas ellas son piezas hermosísimas de gran belleza y contenido teológico.

Aclamación

La alabanza del prefacio proclamada por el sacerdote es interrumpida y a la vez subrayada con la aclamación del Sanctus.24 Es una aclamación gozosa, el texto se tomó de Isaías 6,3 y de Mt. 21,9. Entró en la liturgia a partir del siglo IV. La asamblea se une al sacerdote y también al canto del cielo (los ángeles y santos). El sanctus resalta la santidad del Dios trino (con el trisagio) y al mismo tiempo centra la alabanza en el enviado de Dios: Jesucristo, el que vino para salvarnos.

La alabanza se continua en el postsanctus, el vere sanctus: “Verdaderamente eres santo y fuente de santidad” (PE II). Sirve de enlace con la primera epíclesis que viene a continuación. La lógica es clara: Tú que eres santo, santifica estos dones, nuestra ofrenda. Hasta este momento de la plegaria todo ha sido alabanza y acción de gracias a Dios, al Dios bueno, al Dios que se revela en la historia que manifiesta su bondad en la obra de la creación y sobre todo en la obra de la salvación.

Epíclesis

Significa invocación. Es la invocación que hacemos al Padre, para que envíe su Espíritu sobre nuestra eucaristía. En realidad toda la plegaria es una epíclesis, pero en este momento aparece su explicitación “envía Señor tu Espíritu…” Es un momento al que la Iglesia atribuye gran importancia, y no sólo se da en la plegaria eucarística, lo encontramos en otros sacramentos: sobre el agua bautismal, sobre el crisma, sobre los que van a ser ordenados, etc. La celebración eucarística es la actualización del misterio pascual de Cristo, hasta el punto que se identifica con Él, aunque sea de una manera sacramental. Solamente con la fuerza del Espíritu y su actuación es posible que la salvación de Cristo se realice hoy y aquí, y sólo por su fuerza se hace eficaz para nosotros. Sólo el Espíritu nos hace presente a Cristo.

Lo peculiar de la plegaria eucarística de tipo romano, o sea la que tenemos en nuestro misal es que tiene dos epíclesis, una antes del relato de la institución y otra después del memorial. Una sobre los dones y otra sobre la comunidad. Otra peculiaridad de las plegarias de Occidente es que la invocación del Espíritu se hace antes de las palabras de la institución. Las de tipo oriental y las más antiguas siempre después del relato de la institución. Esta postura la encontramos en las nuevas plegarias de nuestro misal al añadir una segunda epíclesis. La epíclesis después del relato de la institución es un testimonio muy antiguo y además manifiesta mejor todo el esquema de la historia de la salvación. La obra del Padre que envía al Hijo y luego al Espíritu para llenar de plenitud la obra de Cristo. La epíclesis nos manifiesta que la obra de la salvación en nosotros y, por lo tanto, la eucaristía acontece por obra del Espíritu, no es por nuestra fuerza, aunque repitamos las palabras del Señor.

La epíclesis es un momento capital. A las dos epíclesis de nuestra plegaria las solemos denominar “de consagración y de comunión”. La primera, ya hemos hablado de ella, invocamos al Espíritu para que transforme el pan y el vino en cuerpo y sangre de Cristo. La segunda, de comunión, se pide la actuación del Espíritu para que transforme a la Iglesia en cuerpo de Cristo por el Espíritu, para que la Iglesia sea edificada en cuerpo del Señor.
Ha habido una controversia teológica sobre cual es el momento de la consagración: las palabras del relato o la epíclesis. Los orientales han puesto más hincapié en la epíclesis, los occidentales más en las palabras del Señor. Podemos decir que los orientales han desarrollado más la teología del Espíritu y los occidentales, nosotros, más la cristología. Esta discusión quedaría zanjada si se admite que toda la plegaria eucarística tiene un sentido consacratorio.25 No es tanto el momento, sino quién. En nuestra plegaria se manifiesta: invocación del Espíritu y además palabras de la institución.

Terminemos diciendo que es el Espíritu Santo al que le compete toda obra de consagración y santificación en la Iglesia. Desde esta actuación del Espíritu debemos entender la doble vertiente: consagración de los dones y consagración de las personas.26

Relato de la institución

Son las palabras de Jesús en la última Cena. En la eucaristía tratamos de repetir los gestos y las palabras de Jesús en la última Cena renovando y actualizando el acontecimiento salvador. La IGMR27 nos dice que son palabras de institución y consagración “con las palabras y gestos de Cristo, se realiza el sacrificio que el mismo Cristo instituyó en la última Cena, cuando bajo las especies de pan y vino ofreció su Cuerpo y su Sangre y se lo dio a los apóstoles en forma de comida y bebida, y les encargó perpetuar este misterio”.

En este momento, después de la alabanza, la plegaria llega a su centro de mayor densidad litúrgica y teológica. La alabanza que se inició y desarrolló en el prefacio, que se subrayó en el Santo se convierte en memorial sacramental de lo que Cristo dijo y realizó, tanto en la cena como en la cruz.28 Todas las maravillas realizadas por Dios desde la creación llegan a su punto culminante en la pascua de Cristo. Estas palabras atestiguan que lo que nosotros celebramos en la eucaristía no es obra nuestra. Cristo mismo, mediante el ministerio sacerdotal, que actúa en persona Christi, dice las palabras que dijo en la última Cena.29 Estas palabras son lo que constituyen en términos escolásticos la forma del sacramento (la palabra sacramental) de aquí viene la pregunta, cuándo se consagra. Respondemos que para la liturgia no es tanto el momento concreto sino el conjunto, la acción. Consagra la acción del Espíritu, pero se requiere las palabras de Cristo. De las palabras de Cristo y el poder del Espíritu resulta la presencia real, sacramental, pero real, como diría Trento: verdaderamente, realmente, sustancialmente. Por ello se hace genuflexión después de las palabras sobre el pan y después sobre el vino para confesar que en la eucaristía adoramos la presencia del Señor.

La celebración de la eucaristía es el hoy de la pascua de Cristo, aquello que el Señor nos dejó en la última Cena, realizó en su pasión y su resurrección, lo actualizamos hoy en la celebración, lo veneramos y lo adoramos, así queda claro que la eucaristía no es obra nuestra sino obediencia a lo que Cristo quiso dejarnos hasta que vuelva.

Anámnesis (memorial)

Esta parte de la plegaria es la que viene a continuación de las palabras de la institución. Es el recuerdo y actualización del misterio pascual de Cristo, expresado con formulas diversas en las distintas plegarias del misal. Este recuerdo y actualización de la muerte y resurrección de Cristo comienza con la intervención de la asamblea: anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, continúa con las palabras del sacerdote.

El memorial no es un simple recuerdo de algo pasado, sino de algo verdaderamente actual y eficaz para nosotros aquí y ahora. Así, nosotros, hoy podemos participar de la salvación manifestada en Cristo Jesús. La Iglesia al celebrar la eucaristía cumple el mandato del Señor y así recuerda y actualiza su pasión, su resurrección y su ascensión al cielo. Quizás convenga detenernos, para entenderlo mejor, en la noción de memorial. Partimos de la noción tal como es explicitada en el Catecismo de la Iglesia:30
– Desde un punto de vida bíblico,31 el memorial expresa la realidad del acontecimiento y su actualización objetiva, así como la presencia de la cosa conmemorada, pero al mismo tiempo dice que ésta no se repite, no se le saca de su lugar histórico, y, sin embargo, hace sentir su efecto en el presente, está presente.

-Desde un punto de vista dogmático, cuando el ministerio ordenado pronuncia la plegaria y dentro de ella las palabras consagratorias sobre el pan y el vino, está realizando el memorial que Cristo nos mandó; es decir, no una mera conmemoración sino la representación32 de lo que se conmemora, la presencia real de lo que históricamente ha pasado y que aquí y ahora se nos comunica de manera eficaz.

-Desde un punto de vista litúrgico el memorial es presencia del Sacrificio de Cristo en Virtud del Espíritu Santo, sin que se repita el sacrificio histórico y la Iglesia a través del memorial toma parte en aquel sacrificio y, a la vez, lo ofrece Dios

Oblación (ofrenda)

El memorial se culmina en la oblación (ofrenda). La eucaristía es memorial, pero memorial de un sacrificio que es actualizado en la celebración y que es ofrecido al Padre uniendo en una única ofrenda el sacrificio de la Iglesia. El sacrificio de la cruz, en la celebración es ofrecido de nuevo al Padre de una manera sacramental. Al ofrecer este sacrificio al Padre, la Iglesia también se ofrece uniéndose a Cristo en el Espíritu por la salvación del mundo.33

Así la eucaristía se convierte en el sacrificio total: de la cabeza (Cristo) y su cuerpo (de sus miembros, la Iglesia).34 Como nos dice la IGMR,35 la Iglesia pretende que los fieles no solo ofrezcan la victima Inmaculada, sino que aprendan a ofrecerse a si mismos, y que de día en día perfeccionen, con la mediación de Cristo, la unidad con Dios y entre si, para que, finalmente, Dios lo sea todo en todos. Esta parte de la plegaria se convierte así en el verdadero ofertorio de la misa, por eso el misal prefiere no llamar ofertorio al momento de llevar el pan y el vino al altar sino presentación de dones. El verdadero ofertorio es ofrecernos con Cristo al Padre. Para que esto sea posible la Iglesia  invoca al Espíritu Santo sobre la comunidad, porque llegar a ser con Cristo víctima viva es obra del Espíritu Santo.

Intercesiones y el recuerdo de los santos

Esta parte de la plegaria expresa la unión de la Iglesia de la tierra con la Iglesia del cielo. La eucaristía se celebra en comunión con toda la Iglesia celeste y terrestre y todos sus miembros, los que peregrinamos en la tierra, los difuntos y los santos del cielo.Por medio de las intercesiones pedimos a Dios que lo que realizó un día en el misterio pascual de Cristo siga realizándolo hoy con la humanidad entera, con toda la Iglesia terrestre en todos sus miembros (Papa, obispos, sacerdotes, fieles)36 y con la Iglesia de los difuntos37 de manera que todos lleguemos a la plenitud de la salvación en el cielo.

El recuerdo de la Virgen y los santos nos recuerdan cual es nuestra meta.38 Esta parte de la plegaria manifiesta la solidaridad de la Iglesia y la de todos sus miembros, manifiesta ante todo que lo que mejor define a la Iglesia: su ser  comunión. La Iglesia es comunión. También expresa que la Iglesia en Cristo es intercesora, participa de la gran intercesión de Jesucristo.39 La intercesión nos sitúa en marcha hacia la plenitud del Reino de Dios. Nuestra Iglesia, la que celebra la eucaristía camina hacia la meta definitiva, donde contempla que algunos han llegado ya.

La doxología final

Doxa significa gloria. Es una alabanza dirigida a la Trinidad con la que se concluye la plegaria eucarística. Se retoma el estilo de alabanza con el que se empezó la plegaria en el prefacio. Esta alabanza va dirigida al Padre por redención de Cristo en la unidad del Espíritu Santo. En la doxología expresamos que Dios nos bendice por Cristo y nosotros por Cristo bendecimos a Dios (carácter descendente y ascendente).

En la eucaristía celebramos la gran bendición de Dios para nosotros ha sido toda la obra de salvación que llega a su punto culminante en la pascua de Cristo. Pero también en la eucaristía la Iglesia, nosotros, bendecimos a Dios en Cristo, precisamente, por toda su obra. Unidos a Cristo podemos bendecir a Dios. Al elevar el sacerdote la patena y el cáliz el cuerpo y la sangre de Cristo se está resumiendo toda la creación y toda la historia de salvación tanto en su sentido descendente, de Dios hacia nosotros, como en su sentido ascendente de nosotros hacia Dios. Así aparece la gran mediación de Jesucristo tanto en un sentido como en otro. Se concluye la doxología y toda la plegaria con el Amén de la asamblea, el gran Amén. Es el asentimiento a toda la plegaria y lo que en ella se expresa. El Amén condensa el sí del creyente, el sí de la Iglesia. Es el Amén más importante de todos los Amén que pronunció la Iglesia.40

A modo de conclusión.

Quiero terminar esta sencilla exposición con lo que había indicado al principio de la misma. No se trataba de una profundización teológica novedosa, sino más bien un recordatorio que nos haga más accesible la gran riqueza que encierra esta gran oración de la eucaristía. Todavía nos queda por hacer (quizás para otro artículo) el ver como se desarrolla todo el contenido de la plegaria en las distintas plegarias que contiene nuestro misal.41 El misal romano de Pablo VI, contiene trece plegarias eucarísticas. Sería interesante analizar los matices de cada una, así como dar unas pistas para su elección. No siempre podemos escoger cualquier plegaria.42

Terminemos diciendo que la plegaria es un lugar privilegiado en el que la Iglesia expresa su fe, su comprensión del misterio cristiano. Conocerla y vivirla es profundizar y vivir dicho misterio. La plegaria no es solo una oración para la celebración, no es solo para la consagración de los dones.  En ella descubrimos toda una pedagogía que nos educa e introduce en el camino del seguimiento de Cristo, en el camino espiritual. De ahí nace la importancia de celebrarla bien, esto es muy importante. Cabe preguntarnos si damos toda la importancia que se merece este momento central de la misa. Sacerdotes y fieles deben tener muy presente cuál su papel y su manera de participar.43
La plegaria nos ayuda a vivir día a día que Cristo es el centro de nuestra fe, que la eucaristía es el centro y culmen de toda la vida cristiana. Al celebrar la eucaristía cumplimos el mandato del Señor. Desde la pascua la eucaristía es el alimento que nos da vida y que un día nos llevará a la vida definitiva. Nosotros por nosotros mismos no podemos nada, pero con la  fuerza del espíritu podemos transformarnos, no solo en creaturas nuevas sino en pan que da la vida al mundo.

Los cristianos seguimos necesitando conocer mejor el contenido y riqueza de nuestros textos litúrgicos, ellos sirven a la celebración y toda celebración es confesión de nuestra fe. No podemos celebrar bien si desconocemos la forma en que lo hacemos. La verdadera renovación litúrgica vendrá del esfuerzo por su comprensión y profundización.


1 BOVELLI, F.; La plegaria eucarística en Nuevo Diccionario de Liturgia (en adelante NDL), Madrid 1987, 1626.

2 IGMR n.78.

3 El Catecismo de la Iglesia Católica (en adelante CCE ) recoge esta definición del misal, en los nn. 1352-1354, podemos decir que el catecismo ha enriquecido la presentación de la plegaria eucarística en bastantes aspectos.

4 BOROBIO, Celebrar para vivir, Salamanca 2003, 330.

5 JOSÉ ANTONIO ABAD, Plegaria eucarística en Diccionario de la Eucaristía, Burgos 2005, 488-489.

6 AURELIO GARCÍA MACÍAS, «La plegaria eucarística, fidelidad de la Iglesia» en Para vivir la Eucaristía (ponencia de las Jornadas nacionales de Liturgia en Valladolid 2005), Madrid 2006, 180.

7 LINO EMILIO DÍEZ, «Celebrar mejor la plegaria eucarística» en Phase 286, Barcelona 2008, 313ss.

8 AURELIO GARCÍA MACÍAS, La plegaria eucarística fidelidad de la iglesia, 22.

9 LINO EMILIO DÍEZ,  Celebrar mejor la plegaria eucarística, 314.

10 BOROBIO, D., Celebrar para vivir, 331.

11 BOROBIO, D., Celebrar para vivir, 331.

12 V. RAFFA, Liturgia eucaristica, Mistagogía della messa della storia e della teologia alla pastorale practica. Nuova edicione ampiamente riverdatta e aggiornata secondo l´editio typica testi del missale Romano, Roma 2003, 456.

13 J.M. SÁNCHEZ CARO, «Bendición y eucaristía , veinticinco años de estudio sobre el genero literario de la plegara eucarística» en Salmanticensis 2 (1983) 123-147. El autor recoge hasta esa fecha los estudios publicados. Para más información sobre estudios puede verse ALDAZABAL J., Eucaristía, 218 nota 3, hay una buena referencia de estudios hasta el año 2000; BOVELLI, F., La plegaria eucarística en NDL,1625-1639;  JOSÉ ANTONIO ABAD, Plegaria eucarística en Diccionario de la Eucaristía, Burgos 2005, 488-489;en el último número de la revista Phase del año 2008 encontramos el de LINO EMILIO DÍEZ ya citado aquí; también en los manuales de Eucaristía vamos a encontrar un apartado sobre la plegaria eucarística.

14 ALDAZABAL, J.,  Eucaristía, 223.

15 MANUEL GESTEIRA, La Eucaristía , misterio de comunión, Salamanca 2000, 119.

16 ABAD, J. A., Plegaria eucarística, 490.

17 En occidente encontramos la liturgia romana, la hispana, la gala, la ambrosiana; en oriente encontramos la liturgia siro oriental, la liturgia egipcia, la liturgia bizantina que posteriormente conocen diversas ramificaciones. Sobre las liturgias orientales, que nos resultan un poco más desconocidas puede verse MANUEL MIN, Las liturgias orientales, Barcelona 2008.

18 Se ha traducido al castellano por el Centro de Pastoral Litúrgico de Barcelona en el último número de Cuadernos Phase (número 110), Barcelona 2008.

19 En la obra de J. M. SÁNCHEZ CARO- V. M. PINDADO, La gran oración eucarística. Textos de ayer y hoy,  Madrid 1969; J. M. SÁNCHEZ CARO, Eucaristía e historia de salvación. Estudio sobre la plegaria eucarística oriental, Madrid 1983, en estas obras se puede encontrar un excelente análisis de las plegarias eucarísticas.

20 Sobre el canon romano abundan los estudios citamos a P. TENA, El canon de la misa. Siete siglos (IX-XVI) de su histroria teológica, Barcelona 1967.

>21 En esta liturgia, como curiosidad , señalamos que acaba de ser promulgado el nuevo leccionario en la pascua de este año de 2008, encontramos una reseña en la revista  Phase 286 (2008), 349-356.

22 PINELL J. , Preci Eucharistiche occidentali. Testi delle liturgie ambrosiana, gallicana e hispánica. Roma 1980; podemos ver las plegarias de rito hispánico en CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA. ARZOBISPADO DE TOLEDO Missale Hispano-Mozarabicum, 1991.

23 IGMR n.79, CCE 1352-1354.

24 Aldazabal, J., Eucaristía, 239.

25 MANUEL GESTEIRA, Eucaristía, 631ss.

26 Sobre el papel del Espíritu en la liturgia puede verse el Catecismo en los números 1091-1109, además de lo que dice en la primera parte Creo en el Espíritu nn. 683-747. Nunca, antes se había explicitado tanto en un documento oficial el papel del Espíritu.

27 IGMR n.79

28 ALDAZABAL, J. Eucaristía, 241.

29 Las palabras sobre el sobre el pan y el vino se toman de los testimonios del NT con cierta libertad. Ya que los cuatro relatos del NT eran diferentes, pero la liturgia tiene mayor flexibilidad, tiende a la simetría en gestos y formulas. En las nuevas plegarias se ha añadido a las palabras sobre el pan la afirmación de Lucas y Pablo “que será entregado por vosotros”. A las palabras sobre el vino se ha añadido nueva y eterna en relación a la alianza, tomando lo de eterna de Hb. 13,20, cf. ALDAZABAL, J., La eucaristía, 242-243.

30 CCE nn. 1362 ss.,  en estos números el Catecismo explica de una manera excelente en que sentido la eucaristía es memorial del sacrificio de Cristo.

31 Seguimos en este punto el desarrollo FELIX MARÍA AROCENA, Contemplar la Eucaristía. Antología de textos para celebrar los dos mil años de presencia, Madrid 2000, 219;  sobre el memorial puede verse: ALDAZABAL, J., Eucaristía, 41ss, en la nota 33 cita numerosos estudios; NEUHEUSER, Memorial en NDL, 1253-1273.

32 Representación en el sentido de volver a presentar, por la celebración se nos hace presente.

33 BOROBIO, D., Celebrar para vivir, 333.

34 CCE n. 1368.

35 IGMR n. 79.

36 CCE n. 1369, este número nos dice el sentido de por qué mencionamos al Papa y al obispo.

3737 CCE n. 1371.

38 CCE n. 1370.

39 CCE n. 1378.

40 BOROBIO, D, Celebrar para vivir, 332.

41 En las distintas revistas de temática litúrgica aparecen con frecuencia estudios sobre las distintas plegarias. Entre nosotros señalamos el esfuerzo de la revista Phase que de vez en cuando nos regala algún artículo sobre alguna de las plegarias. Sobre las plegarias más nuevas  puede verse JOSE ANTONIO GOÑI, «Las plegarias eucarísticas de la reconciliación en la tercera edición típica del  Misal Romano» y «Las plegarias eucarísticas por diversas necesidades en la tercera edición típica del  Misal Romano» en Phase 265 (2005).

42 SMOLARSKI, ¿Cuál sería el criterio para elegir la plegaria eucarística? en Preguntas y respuestas sobre la celebración litúrgica, CPL, Barcelona 2004, 14-15; también PEDRO FARNÉS, Mejorar las celebraciones y profundizar su significado, Barcelona 2008, 103-104.

43 LINO EMILIO DÍEZ, «Celebrar mejor la plegaria eucarística» en Phase 286 (2008), 311-333.

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